CAPÍTULO XIII:
LOS ESTADOS DE JINAS
"Tal como es arriba es abajo". Lo
infinitamente pequeño es análogo a lo infinitamente grande. Un átomo es todo un
sistema solar en miniatura.
Existe la Jerusalém Celestial en el
macrocosmos. Existe la Jerusalém Celestial en el microcosmos-hombre.
Habrá un cielo nuevo y una tierra nueva. Es
la futura Jerusalém Celestial del macrocosmos.
Cuando un hombre se Cristifica se convierte
en la nueva Jerusalém Celestial del microcosmos. "Tal como es arriba es
abajo". Esa es la ley.
La Nueva Jerusalém -tanto en el macrocosmos
como en el microcosmos- desciende de los mundos superiores; y está llena de
poderes terriblemente divinos.
La Nueva Jerusalém -tanto en el futuro
planeta tierra, como en el planeta hombre- está iluminada por el Cordero
Inmolado.
El planeta purificado del futuro, más los
cuerpos internos del planeta, son la Jerusalém Celestial del futuro en el macrocosmos.
El cuerpo Crístificado del hombre, más sus
cuerpos internos Cristificados constituyen la Jerusalém Celestial del
microcosmos hombre.
Todo lo que sucede en el planeta tierra, se
repite en el planeta hombre. Todo lo que sucede en la Jerusalém Celestial del
macrocosmos, se repite en la Jerusalém Celestial del micro-cosmos-hombre.
"Tal como es arriba es abajo".
En la Jerusalém Celestial del Planeta
Tierra del futuro, sólo morarán las almas Cristificadas. En la Jerusalém
Celestial del cuerpo humano sólo mora el alma Cristificada del iniciado.
El cuerpo humano de un Crístificado es la
Jerusalém Celestial del microcosmos. Ese cuerpo Crístico está lleno de
terribles poderes.
Los ocho poderes mayores del místico, son
los siguientes:
Primero: "Anima". Poder para
reducir el tamaño de su cuerpo físico hasta alcanzar el tamaño de un átomo.
Segundo: "Mahima". Poder para
agigantarse hasta tocar el sol y la luna con sus manos.
Tercero: "Laghima". Poder para
volver el cuerpo tan liviano como una pluma. Con este poder podemos flotar con
el cuerpo por los aires.
Cuarto: "Gharima". Poder para
aumentar el peso del cuerpo a voluntad, hasta pesar como una montaña.
Quinto: "Prapti". Profecía,
clarividencia oído sagrado, psicometría, telepatía, intuición, poder para entender
el lenguaje de los animales, como Apolonio de Tiana, como Francisco de Asís,
que también podía conversar con los animales del bosque.
Sexto: "Prakanya". Poder que le
permite al místico sumergirse en el agua y hasta vivir debajo de las aguas sin
recibir ningún daño.
El Gran Gurú Deva Sivananda nos cuenta el
caso del Swami Tilinga de Benarés (India) que acostumbraba vivir seis meses del
año debajo de las aguas del Ganges.
Séptimo: "Vasitwan". Poder con el
cual el místico puede dominar los animales más feroces. Poder para pronunciar
palabras que entumecen y encantan a las serpientes venenosas.
Octavo: "Ishatwan". Poder que le
permite a los santos resucitar a los muertos. El que ha llegado a estas
alturas, es un liberado, un Señor de los vivos y de los muertos.
Todos aquellos que ya están caminando la
senda de cristificación, deben desarrollar estos ocho poderes. Estos poderes de
la Jerusalém Celestial se logran y se conquistan con la meditación interna (a
condición de una castidad absoluta).
El cuerpo humano convertido en la Jerusalém
Celestial, es un cuerpo Crístico maravilloso.
PRÁCTICA
1. Acuéstese el místico en su lecho
tranquilamente.
2. Pídale al Cordero Interno la asistencia
de un Ángel especialista en los estados de Jinas.
3. Suplicad al Ángel y al Cordero Inmolado
que os lleven con el cuerpo físico, a los mundos superiores.
4. Nosotros los Hermanos del Templo, os
aconsejamos invocar al Ángel Harpócrates que es especialista en los estados de
Jinas. Rogad al cordero. Suplicadle que os envíe a Harpócrates.
5. Retirad de vuestra mente todos los
pensamientos (poned la mente en blanco). Es necesario que lleguéis a tener la
mente quieta y tranquila.
6. Provocad el sueño. Adormeceos sin pensar
en nada.
7. Levantaos de vuestro lecho y salid de
vuestra recámara conservando el sueño como un tesoro precioso.
Si la práctica ha sido bien hecha, vuestro
cuerpo entrará en estado de Jinas, es decir, se sumergirá dentro de los mundos
suprasensibles.
Un cuerpo en estado de Jinas puede flotar
en los aires (Laghima), o sumergirse en las aguas (Prakanya), o pasar por entre
el fuego sin quemarse, o reducirse al tamaño de un átomo (Anima), o agrandarse
hasta tocar el sol y la luna con las manos (Mahima).
Un cuerpo sumergido dentro de los mundos
suprasensibles está sometido a las leyes de esos mundos. Entonces es plástico,
elástico, puede cambiar de forma, disminuir de peso (Laghima), o aumentar de
peso (Gharima) a voluntad.
El yogui de Benarés, que se sumergía seis
meses debajo de las aguas, podía hacerlo porque primero ponía su cuerpo en
estado de Jinas.
Algunos devotos que estuvieron haciendo las
prácticas de meditación para entrar en estado de Jinas, se sintieron de pronto
como muy gordos, tuvieron la sensación de estarse inflando como globos. Si esos
devotos se hubieran levantado de su cama en esos precisos instantes, entonces
hubieran tenido la dicha de entrar en estado de Jinas.
Cuando Jesús caminó sobre las aguas del Mar
de Galilea, iba con su cuerpo en estado de Jinas.
Pedro pudo librarse de los grillos, y salir
de su prisión, gracias a un ángel que lo ayudó a poner su cuerpo en estado de
Jinas.
La Jerusalém Celestial del
microcosmos-hombre, está llena de formidables poderes divinos.
Con la meditación interna lograréis
desarrollar los ocho grandes poderes místicos y os convertiréis en modelos
vivientes de la futura Jerusalém Celestial.
Se necesita mucha paciencia y muchos años
de práctica para educar, desarrollar y vigorizar los ocho grandes poderes
místicos.
En estas prácticas de Jinas, los devotos
deben ser pacientes. Hay que perseverar días, meses y años, hasta educar,
desarrollar y vigorizar totalmente los ocho grandes poderes místicos. En estado
de Jinas obramos sobre la naturaleza con los poderes de las siete iglesias.
Se necesita fe, tenacidad, paciencia,
castidad, caridad y supremo amor por la humanidad. Estas virtudes son
indispensables. Así lograréis desarrollar los ocho poderes místicos de vuestra
propia Jerusalém Celestial. Esos ocho místicos poderes pertenecen a las siete
iglesias.
Aquellos que se cansan, los inconstantes,
aquellos que adulteran con Jezabel (que se dice Profetisa), jamás lograrán los
ocho místicos poderes de los santos.
En estado de Jinas ejercemos el sacerdocio
perfecto de las siete iglesias. Todo hombre que se Cristifica, se convierte en
un vivo exponente, en un vivo ejemplar de la futura Jerusalém.
Todos los vehículos internos del hombre,
cuando ya están Cristificados y estigmatizados, resplandecen con la gloria del
Cordero. Realmente ese es el Santo Tabernáculo de Dios con los hombres. El
Señor mora en su Santo Tabernáculo. Esa es la Jerusalém Celestial dotada de
poderes terriblemente divinos. Y la Jerusalém Celestial no tiene necesidad de
sol ni de luna para que resplandezca en ella, porque la claridad inmaculada del
Eterno la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.
El santo ocho es el signo del infinito. En
la médula espinal se enroscan los dos testigos del Apocalipsis formando el
santo ocho. De ese santo ocho brotan todos los místicos poderes de la Jerusalém
Celestial del microcosmos hombre. Ahora comprenderán los devotos por qué
hablamos de ocho místicos poderes inefables.
"El muro de la ciudad tiene 144 codos,
medida de hombre, la cual es de ángel" (Ap. 21: 17). 1 + 4 + 4 = 9. Hay
que bajar a la novena esfera (el sexo) a trabajar con el agua y el fuego,
origen de mundos, bestias, hombres y dioses. Toda auténtica iniciación blanca
comienza por allí.
El Hijo del Hombre nace del agua y del
fuego. "Y el que hablaba conmigo tenía una medida de una caña de oro, para
medir la ciudad, y sus puertas y sus muros" (Ap. 21: 15). Esa caña de oro
es la médula espinal. Por allí suben los siete grados del poder del fuego.
Empuñad vuestra caña para que ejerzáis el sacerdocio de los santos.
Vosotros podéis convertiros en ciudadanos
anticipados de la futura Jerusalém.
Así como antes de salir el sol, raya la
aurora en el Oriente, alegrando a los pájaros, que comienzan entonces a llenar
el bosque con la dulzura de sus conmovedores cantos; así también antes de la
futura Jerusalém inefable, raya la aurora del Eterno con algunos vivos ejemplos
de lo que habrá de ser la Nueva Jerusalém.
Desarrollad vuestros poderes internos. No
codicies los poderes. No desees poderes, Cultivad las flores del loto con amor
desinteresado. Cultivad vuestro precioso jardín interno y delicado, así como el
pobre jardinero cultiva su jardín.
Cuando tus flores de loto resplandezcan,
recuerda que todos tus poderes no son sino míseras bujías de sebo brillando
como luciérnagas ante el sol resplandeciente de tu Cordero Inmolado.
Tú no eres el Maestro; tú eres tan sólo la
sombra pecadora de aquel que jamás ha pecado. Recuerda que sólo tu Cordero
Interno es el Maestro.
Recuerda que aunque tu Dios Interno es un
jerarca del fuego, tú, pobre gusano, eres únicamente un hombre, y como tal se
te juzgará siempre.
Tu Cordero Interno puede ser un Dios
planetario; pero tú, pobre gusano del lodo, recuerda, y no lo olvides que tú
tan sólo eres la sombra de tu Dios. ¡Pobre sombra pecadora!