TERCERA PARTE
LA NUEVA JERUSALÉM
"SICUT SUPERIUS SICUT QUOT
INFERIUS"
CAPÍTULO XXXII:
LA NUEVA JERUSALÉM
"Y vi un cielo nuevo, y una tierra
nueva (la tierra del futuro, después del gran cataclismo); porque el primer
cielo y la primera tierra (la actual), se fueron, y el mar ya no es" (Ap.
21: 1).
"Y yo Juan vi la santa ciudad,
Jerusalém nueva (la tierra de la futura sexta raza), que descendía del cielo,
de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido (el Cristo)"
(Ap. 21: 2).
"Y oí una gran voz del cielo que
decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y
ellos serán su pueblo, y el mismo Dios (Interno) será su Dios con ellos"
(Ap. 21: 3).
"Y limpiará Dios toda lágrima de los
ojos de ellos; y la muerte no será más, y no habrá más llanto, ni clamor, ni
dolor; porque las primeras cosas son pasadas" (Ap. 21: 4).
"Y el que estaba sentado en el trono
(el Dios Interno) dijo: He aquí, yo hago nueva todas las cosas. Y me dijo: Escribe;
porque estas palabras son fieles y verdaderas" (Ap. 21: 5).
"Y díjome: Hecho es. Yo soy Alpha y
Omega; el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré de la fuente del
agua de vida gratuitamente" (Ap. 21: 6). Realmente Él es Alfa y Omega, el
principio y el fin de todas las cosas.
El hombre tiene el cuerpo, el alma y el
Íntimo. Más allá del Íntimo, todo hombre tiene tres profundidades: La primera
es el origen de la vida; la segunda es el origen de la palabra, y la tercera es
el origen de la fuerza sexual.
Estas tres profundidades divinales de cada
hombre constituyen el resplandeciente Dragón de Sabiduría. Cada hombre tiene su
Dragón de Sabiduría. Él es el Dios Interno. Y es Alfa y Omega, el principio y
el fin. Él es el Cristo Interno que el hombre necesita encarnar dentro de sí
mismo.
A todo aquel que tenga sed, él le dará de
la fuente, del agua de vida gratuitamente. Dichoso aquel que sepa beber de las
aguas puras de vida, porque nunca jamás volverá a tener sed (Juan 4: 14). La
clave está en el arcano A.Z.F.
El fuego (I: Ignis) debe fecundar el agua
(A: Aqua, agua) para que nazca el Espíritu (O: Origo; Principio, espíritu).
El gran Maestro Huiracocha ha hablado sobre
el I.A.O. extensamente en su "Logos, Mantram, Magia", y en su novela
"Rosacruz". Este Mantram se vocaliza letra por letra, separando cada
letra y prolongando el sonido de cada letra en el preciso instante de estar
conectado a la esposa (la sacerdotisa). Así despierta la serpiente sagrada.
"El que venciere (la pasión sexual),
poseerá todas las cosas; y yo seré su Dios (me encarnaré en él), y él será mi
hijo (porque se ha Crístificado). Mas a los tenebrosos (miedosos, cobardes e
incrédulos), a los abominables y homicidas, a los fornicarios y hechiceros, y a
los idólatras, y a todos los mentirosos, su parte será en el lago ardiendo con
fuego y azufre, que es la muerte segunda" (Ap. 21: 7, 8).
El lago ardiendo con fuego y azufre, es el
lago de la pasión carnal. Ese lago son los bajos fondos animales del hombre, y
su región atómica es el abismo. Allí los tenebrosos se van desintegrando
lentamente hasta morir. Esa es la muerte segunda.
"Y vino a mi uno de los siete ángeles
que tenía las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo
diciendo: Ven acá; yo te mostraré la esposa, mujer del Cordero" (Ap. 21:
9).
El ser humano puede viajar en cuerpo astral
a cualquier lugar del mundo, o del infierno. La clave para salir
conscientemente en cuerpo astral es la siguiente: Acostado boca arriba en su
lecho, adormézcase el discípulo vocalizando las sílabas LA RA. El
estudiante vocalizará estas dos sílabas separadamente, sin juntarlas entré sí,
así:
LA.....
RA.....
La vocalización de estas dos sílabas
sagradas se hace mentalmente.
Estas dos sílabas tienen el poder de hacer
vibrar intensamente las energías sexuales. El discípulo vocalizando, se
adormecerá entre su cama tranquilamente. Cuando el estudiante vocaliza estas
dos sílabas, hace vibrar las energías sexuales, las energías creadoras del
Tercer Logos.
Esta clase de energías, cuando vibran
intensamente, produce un sonido muy dulce y apacible, algo semejante al canto
del grillo. El estudiante debe aprender a manejar este sonido. Esa es la sutil
voz que nos confiere el poder de salir conscientemente en cuerpo astral. En
instantes de estar escuchando el místico sonido, el estudiante debe levantarse
de su cama y dirigirse a cualquier lugar del mundo. No es cuestión de
levantarse mentalmente. Lo que estamos Enseñando tradúzcase en hechos.
Al levantarse el discípulo, se desprende de
su cuerpo físico, y entonces puede entrar en los mundos superiores para
estudiar los grandes misterios de la vida y de la muerte. Todo aquel que quiera
aprender a cantar las dos sílabas sagradas, que escuche la flauta encantada de
Mozart. Esa obra fue una iniciación que Mozart recibió en Egipto.
El profeta fue sacado de su cuerpo en
espíritu y llevado a ver la Jerusalém Celestial. "Y llevóme en espíritu a
un grande y alto monte, y me mostró la grande ciudad santa de Jerusalém, que
descendía del cielo de Dios, teniendo la claridad de Dios; y su luz, era
semejante a una piedra preciosa, como piedra de jaspe, resplandeciente como
cristal" (Ap. 21: 10, 11).
Esta piedra preciosísima, como piedra de
jaspe, son los órganos sexuales de los Cristificados. La piedra resplandece
como cristal. Recordemos al cristal, vidrio líquido, flexible, maleable. Ese
vidrio es el semen Cristónico. Vitriolo (Visita Interiora Terrae Rectificando
Invenies Ocultum Lapidem: Visita el interior de la tierra que rectificando
encontrarás la piedra oculta). Esa piedra oculta es la piedra filosofal. Hay
que buscar en el interior de nuestra tierra filosófica, que rectificando
hallaremos esa piedra preciosísima, como piedra de jaspe, resplandeciente como
cristal.
Inmissio Membri Virilis in Vaginam Sine
ejaculatio Seminis.
El sabio Huiracocha dice: "Probadlo.
La posición descrita puede durar una hora y se sentirá una sensación de
bienestar inefable. Pecho contra pecho, los dos plexos solares en inmediato
contacto, todos los centros astrales sobrepuestos permiten un intercambio de
corrientes para establecer una justa androginidad".
Todo iniciado levanta su propia Jerusalém
sobre la piedra viva. Esa piedra es el sexo. Existe la Jerusalém del hombre, la
Jerusalém de arriba y la Jerusalém de abajo. "Sicut que superius Sicut
quod inferius".
Los mundos superiores son la Jerusalém de
arriba. La tierra de la futura sexta raza es la Jerusalém de abajo. El hombre y
todos sus vehículos Cristificados es la Jerusalém humana. La Nueva Jerusalém
resplandece de gloria.
"Y tenía un muro grande y alto con
doce puertas (las doce puertas zodiacales en el universo y en el hombre); y en
las puertas, doce ángeles (zodiacales), y nombres escritos que son los de las
doce tribus de Israel" (Ap. 21: 12). Son los doce tipos fundamentales en
que se divide la humanidad de acuerdo con la influencia de los doce signos
zodiacales.
"Tal como es arriba es abajo". El
hombre tiene doce facultades gobernadas por doce ángeles atómicos. En el
espacio estrellado y en el hombre existen doce signos zodiacales. Es necesario
transmutar la energía sexual y hacerla pasar por las doce puertas zodiacales
del organismo humano.
Continúa hablando el profeta sobre las doce
puertas zodiacales así: "Al oriente tres puertas, al norte tres puertas;
al mediodía tres puertas; al poniente tres puertas" (Ap. 21: 13).
"Y el muro de la ciudad tenía doce
fundamentos y en ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero"
(Ap. 21: 14). Los doce signos zodiacales, y las doce esferas energéticas que se
penetran y compenetran sin confundirse.
En los doce planos se realiza totalmente la
humanidad solar. El arcano doce es el fundamento de la Jerusalém Celestial, el
arcano doce es el símbolo de la alquimia sexual. En el tarot el arcano doce
aparece así: "Símbolo, un hombre que está colgado por un pie y cuyas manos
están atadas a la espalda, de modo que su cuerpo forma un triángulo con la
punta hacia abajo y sus piernas una cruz por encima del triángulo. La potencia
tiene la forma de una Tau hebrea; los dos árboles que la sostienen tienen cada
uno seis ramas cortadas". Este es el sacrificio y la obra realizada. Este
se llama alquimia sexual.
Existen en el mundo millones de libros de
yoga, ocultismo, teosofía, rosacrucismo, etc. Existen también millares de escuelas,
algunas de ellas con muy antiguas tradiciones y muy venerables.
Podría un estudiante someterse a las más
rigurosas disciplinas, practicar con la Kriya, visitar millares de escuelas,
centros, logias; adquirir títulos, grados, y recibir de sus instructores bellos
nombres y muy sonoros; pero si el estudiante no practica magia sexual, no
pasará de ser muy venerable para su gente, muy culto y hasta erudito.
Pero allá arriba, en los mundos superiores
será siempre un aficionado a los estudios espirituales, un discípulo ignorante,
una pobre sombra mística, un profano, o en el peor de los casos, un peligroso
sujeto. Hay que trabajar con el oro y la plata; hay que trabajar con la luna y
el sol para edificar la Jerusalém Celestial dentro de cada hombre. El oro y la
plata, el sol y la luna, son las fuerzas sexuales del hombre y la mujer.
La mujer alquimista tampoco debe llegar
hasta el orgasmo fisiológico. Así transmuta sus energías sexuales y despierta
la culebra. El grado más alto que alcanza la mujer en estos estudios, es el
grado de Virgen.
La alquimia sexual es el arte hermético. El
arte hermético es altamente científico, altamente filosófico y altamente
místico. En el arcano doce se halla encerrada toda la ciencia y la filosofía de
la Gran Obra. En el semen Cristónico se esconde el fuego secreto viviente y
filosofal. La mística de la alquimia sexual es la de todos los viejos
iniciados. La filosofía de la alquimia sexual tiene sus principios en la
escuela de los Esenios; en la escuela de Alejandría; en las Enseñanzas de
Pitágoras; en los misterios de Egipto, Troya, Roma, Cartago, Eleusis; en la
sabiduría de los aztecas y de los mayas, etc.
La ciencia de la alquimia sexual y sus
procedimientos hay que estudiarlos en los libros de Paracelso, Nicolás Flamel,
Raymundo Lulio. También encontramos los procedimientos escondidos entre el velo
de todos los símbolos, en las figuras hieráticas de los viejos jeroglíficos de
muchos templos antiguos, en los mitos griegos, egipcios, etc.
¡Tú! que buscas la iniciación. ¡Tú! que
lees tanto.
¡Tú! que vives mariposeando de escuela en
escuela, siempre buscando, siempre anhelando, siempre suspirando, dime con
sinceridad: ¿Ya despertaste el Kundalini? ¿Ya abriste las siete iglesias de tu
médula espinal? ¿Ya encarnaste el Cordero?
¡Tú! que buscas, dime: ¿Ya dominas los
terremotos? ¿Caminas sobre las aguas? ¿Controlas los huracanes? ¿Calmas las
tempestades? ¿Parlas en el lenguaje de oro?
¿Ves en los mundos superiores, y sois capaz
de estudiar toda la historia de la tierra y de sus razas, en los archivos
sellados de la naturaleza?
Contéstame, hermano lector. Sé sincero
contigo mismo. Pon la mano en tu corazón y contéstame con sinceridad: ¿Te has
realizado? ¿Estás seguro que con tus teorías te convertirás en un dios.? ¿Qué
has logrado? ¿Qué has conseguido con todas tus teorías?
El pobre siervo que escribe este libro es
un iniciado en los misterios lemures, egipcios, tibetanos, etc., y jamás
conoció en la historia de los siglos a algún Maestro auténtico que se hubiera
podido Crístificar sin practicar magia sexual.
Si tú tienes esperanza de liberarte, de
realizarte, de cristificarte sin practicar magia sexual, eres digno de piedad,
mereces compasión, eres un imbécil. Hay que transmutar el plomo de la
personalidad en el oro purísimo del espíritu.
La sal (materia) y el azufre (fuego), son
urgentes para preparar el mercurio filosófico (semen). A este mercurio hay que
transmutarlo y sublimarlo hasta el corazón. En el corazón está el Cristo. En el
corazón se mezclan las fuerzas que vienen de arriba con las que suben de abajo.
Lo de abajo debe mezclarse con lo de arriba, para que lo de abajo suba a los
mundos superiores de la Gran Luz.
Así es como logramos el ligamen de la cruz
con el triángulo. La cruz hombre debe ligarse con el triángulo espíritu,
mediante el oro potable (fuego sagrado del sexo). Estos son los doce
fundamentos de la Jerusalém Celestial.
El hombre que se forma entre el vientre
materno es el resultado del acto sexual, no es el resultado de ninguna teoría,
ni de ninguna escuela. El hombre es hijo de un macho y de una hembra. Hubo
besos, hubo amor, hubo un varón, hubo una mujer y también hubo un coito que te
engendró y esa madre que te parió.
¿Por qué te olvidas de eso? ¿Con qué teoría
te engendraron? ¿Por qué quieres ahora nacer como un Maestro del Gran Día en
los mundos de la luz, excluyendo el Phalo y el útero? Lo natural es lo natural,
querido lector; no cometas el error de querer nacer con teorías. Nadie puede
nacer por las patas, ni comer con las rodillas. Cada cosa en su lugar. Cada
cosa con su cosa.
Lo que es natural es natural. El nacimiento
del Hijo del Hombre es sexual ciento por ciento. Si a pesar de todo lo que te
decimos, tú tienes todavía esperanzas de lograr la iniciación con el famoso
sistema fuelle -a base exclusiva de ejercicios respiratorios-, el tiempo y los
años os van a probar que estáis equivocado, y rodaréis al abismo
inevitablemente.
El sistema fuelle, los asanas, las kriyas,
etc., son magníficos, son maravillosos, no los podemos subestimar, son coayudantes
útiles para el despertar de los chacras y la limpieza de los canales nerviosos,
etc. Pero si el yogui no practica magia sexual se hundirá en el abismo, aun
cuando sea fanático del sistema fuelle.
"Y el que hablaba conmigo, tenía una
medida de una caña de oro para medir la ciudad, y sus puertas, y su muros"
(Ap. 21: 15). La caña de oro es la espina dorsal del hombre.
A lo largo del canal medular suben los
fuegos espinales. El desarrollo, ascenso y evolución del Kundalini es
dificilísimos. Cada una de la treinta y tres vértebras espinales corresponde a
las treinta y tres cámaras sagradas del templo. Los fuegos espinales están
controlados por los fuegos del corazón. El Kundalini sube muy lentamente basado
en magia sexual y santificación. Cada vértebra tiene sus virtudes y sus
pruebas. Es imposible lograr el ascenso a cualquier vértebra sin el permiso de
los fuegos cardiacos. Los méritos del corazón controlan el ascenso del
Kundalini.
El Gurú que no haya recibido la caña, no es
un Gurú verdadero. Todo iniciado que levanta la serpiente sobre la vara recibe
la caña. La ciudad y las puertas y su muro deben ser medidos con la caña. La
Jerusalém de todo hombre debe ser medida con la caña. El maestro que todavía no
ha despertado el Kundalini, es un falso profeta.
Existen tres vestíbulos: Primero, el
vestíbulo de la ignorancia. El segundo, el vestíbulo del estudio. Tercero, el
vestíbulo de la sabiduría.
En el primer vestíbulo viven las multitudes
humanas. En el segundo vestíbulo están todas las teorías, escuelas, logias,
ordenes, etc. El tercer vestíbulo es el de la sabiduría. En este vestíbulo
encontramos al Maestro y al Dios Interno que nos conducen a la Gran Luz.
Cuando estamos en el segundo vestíbulo,
estudiamos astrología, yoguismo, teosofía, etc.
Entonces estamos buscando; visitamos
escuelas, mariposeamos de flor en flor. Cada flor es una secta, teoría,
escuela, logia, etc.; y así hay gentes que pasan muchas reencarnaciones
buscando, curioseando aquí y acullá leyendo, etc.
Cuando el estudiante cansado de suspirar
quiere al fin saber, se mete por la puerta angosta, estrecha y difícil. Esa
puerta es el sexo. Entonces es cuando realmente estamos en la tercera sala. La
Sala de la Sabiduría. En esta sala encontramos al Dios Interno y al Gurú que
nos conduce a la Gran Realidad. Necesitamos edificar la Jerusalém Celestial
sobre la piedra viva.
"Y la ciudad está situada y puesta en
cuadro, y su largura es tanta como su anchura: y él midió la ciudad con la
caña, doce mil estadios, la largura y la anchura y la altura de ella son
iguales" (Ap. 21: 16).
Hemos llegado a la cuadratura del circulo,
al movimiento perpetuo. La ciudad está situada puesta en cuadro. Esto nos
recuerda al Santo Misterioso Tetragrammaton, el Santo Cuatro.
Si exploramos profundamente el interior de
nuestro Ser Divinal, hallamos tres profundidades. Esas tres profundidades
emanan del punto matemático. Es urgente saber que ese punto es un átomo súper
divino del Espacio Abstracto Absoluto. El nombre cabalístico de ese átomo es el
de "Ain Soph".
Las tres profundidades Crísticas que
llevamos dentro, emanan del Ain Soph. Este es el ternario emanado del punto
matemático. 3 + 1 = 4. Tres más uno es igual a cuatro. He aquí el Santo
Tetragrammaton.
El Dragón de Sabiduría (el Cristo Interno)
emanó del Ain Soph, y volverá al Ain Soph. La ciudad está puesta en cuadro
porque es el templo perfecto del Cordero. Y él midió la ciudad con la caña,
doce mil estadios. El número doce mil se descompone cabalísticamente así:
12,000 = 1 + 2 = 3. He ahí el ternario, el Cordero que emanó de un átomo súper
divino.
El Adorable resplandece dentro de los
vehículos internos de todo aquel que se haya Crístificado. Eso es amor.
Es imposible
edificar la Nueva Jerusalém sin el Santo Cuatro.
El nombre del Eterno tiene cuatro letras
hebraicas: IOD, HE, VAU, HE.
Estos son los cuatro vientos. Pocos son los
que saben pronunciar este nombre como es debido. Todo aquel que quiera edificar
la Nueva Jerusalém, debe despertar el fuego sagrado del Kundalini. La serpiente
Pentecostal es el INRI, el Azoe. El sol es su padre, la luna su madre, el
viento la llevó en su vientre, y la tierra filosófica fue su nodriza.
El alquimista que quiera edificar la Nueva
Jerusalém, debe trabajar en su laboratorio con el azufre (fuego), el azoe
(aire), el mercurio (agua) y la tierra.
La Gran Obra esta simbolizada por el león
(fuego), el águila (aire), el hombre (agua) y el toro (tierra).
Estos cuatro elementos forman la Cruz de la
Iniciación. Sabed vosotros que la cruz de la iniciación se recibe en el Templo-Corazón.
Debemos trabajar con los elementales del
fuego, de los aires, de las aguas y de la tierra, en la Montaña Sagrada. Esa
Montaña Sagrada ya sean los Himalayas o los Alpes o la Cordillera Andina,
simboliza la médula espinal con sus treinta y tres vértebras. En la Montaña
Sagrada debemos ser alquimistas. Sólo así podemos recibir la iniciación en el
Templo-Corazón. Necesitamos transmutar el plomo en oro para edificar la Nueva
Jerusalém.
Las salamandras encienden el fuego y
fecundan a las ondinas del agua para que nazca la vida.
Los gnomos o pigmeos que habitan entre la
Gran Cordillera, transmutan el plomo en oro. Los silfos alegres y juguetones
animan el fuego para que la Gran Obra se realice.
El recipiente debe estar herméticamente
cerrado, para impedir a toda costa que la materia prima se derrame. Así es como
el plomo de la personalidad se transmuta en el oro vivo del espíritu. El
recipiente debe estar animado por el fuego de las salamandras. "Cuece y
recuece y vuelve a cocer, y no te canses de cocer".
Los silfos del aire animan las llamas del
pensamiento. Los gnomos transmutarán el plomo de tus pasiones en el oro del
espíritu, y las ondinas, a veces pasionales, se moverán dichosas entre la
materia prima o esperma universal.
Las criaturas del fuego, del aire, de las
aguas y de la tierra, no pueden estar ausentes en la Gran Obra. Sin las
criaturas de los cuatro elementos no se puede transmutar el plomo en oro.
Los gnomos no podrían transmutar el plomo
en oro, sin agua y sin ondinas. El agua y las ondinas deben ser fecundadas y
calentadas por el fuego abrasador de las salamandras. Sólo así es posible
evaporar las aguas, y transmutar el plomo de la personalidad en el oro purísimo
del espíritu. Sin la mística acción de los silfos, el alquimista se desanima y
la Gran Obra fracasa. Estas criaturas de los cuatro elementos están dentro de
nosotros mismos, aquí y ahora. Todo Maestro de transmutaciones metálicas
edifica la Jerusalém Celestial.
"Y la ciudad esta situada y puesta en
cuadro, y su largura es tanta como su anchura ". Sin el Santo Cuatro es
imposible edificar la Nueva Jerusalém.
IOD, es el hombre; HE, la mujer; VAU, el
Phalo; HE, la Vulva.
Con el Santo Nombre del Eterno se escriben
las cosas inefables. Y los animales vienen y se van. Las cuatro letras sagradas
se mueven y combinan en toda la creación.
"Y midió su muro, ciento cuarenta y
cuatro codos, medida de hombre, la cual es de ángel" (Ap. 21: 17). 144 = 1
+ 4 + 4 = 9. esta es la novena esfera (el sexo).
Hay que bajar a la novena esfera (el sexo),
y trabajar con el fuego y el agua, origen de mundos, bestias, hombres y dioses.
Toda iniciación auténtica blanca, comienza por allí.
A la novena esfera bajaron todos aquellos
que lo encarnaron. Hermes, Jesús, Krishna, Rama, etc. A la novena esfera
bajaron también Budha, Dante, Pitágoras, etc. Hilariux IX dice que el descenso
a la novena esfera era, en los antiguos misterios, la prueba máxima para la
suprema dignidad del Hierofante.
El nueve es medida de hombre, la cual es de
ángel. Nueve meses permanecemos entre el vientre materno. Sólo en la novena
esfera puede nacer el Hijo del Hombre. No se ha conocido jamás ángel que no
haya nacido en la novena esfera.
Aquel que quiera cortar la cabeza a la
Medusa (el yo) debe bajar a la novena esfera.
Aquel que quiera encarnar al Cristo, tiene
que bajar a la novena esfera. Aquel que quiera disolver el yo debe bajar a la
novena esfera. La novena esfera es el Sanctum Regnum de la omnipotencia divina
del Tercer Logos. En la novena esfera hallamos la fragua encendida de Vulcano.
Todo pichón que trabaje en la Gran Obra,
debe apoyarse en su báculo, alumbrarse con su propia lámpara y envolverse en su
manto sagrado. Todo pichón debe ser prudente. Si queréis encarnar al Cristo,
sed como el limón. Huid de la lujuria y del alcohol. Matad hasta las más
íntimas raíces del deseo.
"Y el material de su muro era de
jaspe; mas la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio" (Ap. 21:
18).
Sólo con la piedra filosofal (el sexo)
podemos levantar el muro de la Nueva Jerusalém. Mas la ciudad (los vehículos
internos del hombre) era de oro puro, semejante al vidrio limpio. Los leones de
oro adornan los tronos de los reyes divinos. El oro simboliza al fuego sexual
del Kundalini.
El oro potable (fuego Pentecostal) es
semejante al vidrio líquido flexible, maleable. Ese vidrio es el semen
Cristónico. Los fuegos dorsales son pentecostales. Los fuegos del corazón son
Crísticos y en la frente centellean terriblemente los rayos del Padre.
"Y los fundamentos del muro de la
ciudad estaban adornados de toda piedra preciosa. El primer fundamento,
era jaspe (la piedra filosofal); el segundo, zafiro; el tercero,
calcedonia; el cuarto esmeralda; el quinto, sardónica; el sexto,
sardio; el noveno, topacio; el décimo, crisoprasa; el undécimo,
jacinto; el duodécimo, amatista" (Ap. 21: 19, 20). Cada una de
estas piedras representa determinadas virtudes. Todas estas piedras sagradas
adornan la espada de justicia.
Existen
nueve iniciaciones de misterios menores y siete grandes portales de misterios
mayores. Todas las iniciaciones las recibe el íntimo. El Testamento de la
Sabiduría dice: "Antes de que la falsa aurora amaneciera sobre la tierra,
aquellos que sobrevivieron al huracán y a la tormenta, alabaron al íntimo, y a
ellos se les aparecieron los Heraldos de la Aurora".
El yo no recibe iniciaciones. La
personalidad humana no recibe nada. Sin embargo, el yo de muchos iniciados se
llena de orgullo diciendo: Yo soy un maestro, yo tengo tantas iniciaciones. El
yo se cree iniciado y goza reencarnándose "dizque" para
perfeccionarse. El yo no se perfecciona jamás. El yo se reencarna para
satisfacer deseos. Eso es todo.
Las experiencias de cada reencarnación
complican al yo y lo vuelven cada vez más perverso. La evolución es un proceso
de complicación de la vida. Conforme vamos disolviendo al yo, recibimos las
piedras preciosas. En los mundos superiores el íntimo recibe sus piedras
sagradas: anillos, cadenas, joyas inefables adornadas con las sagradas piedras,
etc.
Cualquier mala acción es suficiente como
para perder ciertas piedras sagradas, lo cual significa pérdida de grados. Un
iniciado que obligaba a su mujer a realizar el acto sexual estando enferma,
estuvo a punto de perder un zafiro de su espada. Afortunadamente el iniciado
supo obedecer cuando fue advertido por la Logia Blanca.
El yo es memoria, manojo de recuerdos,
polvo de los siglos. Conforme lo vamos disolviendo recibimos grados y piedras
preciosísimas. Cuando el Dragón de Sabiduría ha disuelto el yo, entonces los
diez Sephirotes resplandecen como piedras preciosas en su inefable cuerpo de
gloria.
Primero debemos decapitar al yo con la
espada, en la fragua encendida de Vulcano. Después comenzamos a morir
lentamente. El yo se va disolviendo a base de alquimia y rigurosa comprensión.
Eso es revolución total.
"Y las doce puertas eran doce perlas;
en cada una, una; cada puerta era de una perla. Y la plaza de la ciudad era de
oro puro como vidrio transparente" (Ap. 21: 21).
La perla es lunar. El sexo es lunar. Las
doce perlas simbolizan el fuego sexual de Pentecostés resplandeciendo en las
doce facultades del hombre. La plaza de la Jerusalém Celestial es de oro puro
como vidrio transparente. La Jerusalém humana tiene doce puertas, doce
vehículos.
Los hermanos teosofistas han estudiado el
septenario del hombre. Todo Crístificado tiene doce cuerpos, doce vehículos que
lo conectan a la Gran Realidad. Existen doce esferas energéticas donde vive y
se desenvuelve una humanidad solar. Así, pues, la Jerusalém Celestial tiene
doce puertas, y cada puerta es una perla, una región o mundo.
También existe un Cinturón Zodiacal con
doce constelaciones. La Jerusalém Nueva, la tierra de la futura sexta raza se
está gestando entre la matriz zodiacal. Toda evolución comienza en Leo y
termina en Leo.
La plaza de la ciudad es de oro puro (fuego
sagrado), como el vidrio, flexible, maleable, llamado también semen Cristónico.
De ese vidrio líquido se levanta el fuego Pentecostal. Todos los doce vehículos
de un Crístificado resplandecen gloriosamente entre el fuego y la luz del
espacio infinito. Esa son las doce perlas. Esa es la Jerusalém Celestial.
Cada habitante de la Nueva Jerusalém será
por si mismo una verdadera Jerusalém Celestial.
"Y no vi en ella templo; porque el
Señor Dios Todopoderoso (el Ser Interno) es el templo de ella y el
Cordero" (Ap. 21: 22).
Este versículo no significa que dejen de
existir los templos cósmicos de instrucción interna. La cuestión es más
profunda: En la Nueva Jerusalém las siete religiones actuales y las cinco mil
sectas ya no tendrán razón para existir, porque el Cordero habrá encarnado en
todo hombre. Esa será la edad del Cristo.
"Y la ciudad no tenía necesidad de sol
(físico), ni de luna (física) para que resplandezcan en ella; porque la
claridad de Dios la iluminó; y el Cordero era su lumbrera" (Ap. 21: 23).
"Y las naciones que hubieren sido
salvas andarán en la lumbre de ella y los reyes de la tierra (los iniciados),
traerán su gloria y honor a ella" (Ap. 21: 24).
"Y sus puertas nunca serán cerradas de
día, porque allí no habrá noche" (Ap. 21: 25).
"Y llevarán la gloria y la honra de
las naciones a ella" (Ap. 21: 26).