CAPÍTULO XIX:
EL QUINTO ÁNGEL
"Y el quinto ángel (Samael) tocó la
trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo en la tierra y le fue dada la
llave del pozo del abismo" (Ap. 9: 1).
Desde el año 1950 un mundo gigantesco se
está aproximando a nuestra tierra. Esa estrella ya cayó en nuestra tierra, y le
fue dada la llave del pozo del abismo.
Nosotros queremos decir con esto, que las
ondas electro-magnéticas de esa gigantesca estrella, ya tocaron el eje de la
tierra.
A ese gigantesco mundo le fue dada la llave
del pozo del abismo.
El psiquismo animal inferior de esa
gigantesca mole planetaria actúa sobre la humanidad terrestre, succionando,
absorbiendo, atrayendo a todas aquellas billonadas de almas que no tienen la
señal de Dios en sus frentes.
Esa estrella actúa desde el fondo del
abismo atrayendo a billonadas de seres humanos. A esa estrella le fue dada la
llave del pozo del abismo. Desde el año 1950, billonadas de almas humanas están
entrando en el abismo. Desde 1950, el pozo del abismo está abierto.
¡El símbolo de esa estrella es la cruz
radiante! Apartadas las ovejas de los cabritos, triunfará la cruz del Redentor.
Este mundo gigantesco será visible para
todo el mundo dentro de pocos años. Esa estrella "abrió el pozo del
abismo, y subió humo del pozo como el humo de un gran horno; y oscureciose el
sol y el aire por el humo del pozo" (Ap. 9: 2).
"Y del humo salieron langostas sobre
la tierra; y fuéles dada potestad, como tienen potestad los escorpiones de la
tierra. Y les fue mandado que no hiciesen daño a la hierba de la tierra ni a
ninguna cosa verde, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no
tienen la señal de Dios en sus frentes" (Ap. 9: 3, 4).
Esas langostas que salen del humo del
abismo son los demonios humanos, el yo psicológico de cada hombre.
Los buitres de la guerra, los potentados
del oro y de la plata, los mercaderes de almas y de cuerpos y de perfumes y de
riquezas. Los señores de la política, los grandes diplomáticos, los científicos
materialistas, los señores de la bomba atómica y de la bomba de hidrógeno, etc.
Esos demonios humanos se atormentan unos a otros en la ciudad y en el abismo,
con cuerpo o sin él.
"Y su tormento es como tormento de
escorpión cuando hiere al hombre, y el tormento dura cinco meses" (Ap. 9:
5).
El número cinco es el número del rigor y de
la ley; el número de Marte y de la guerra. Las dos palabras "cinco
meses", son simbólicas.
Actualmente ya estamos en los días de la
gran aflicción. ¡Ay de los moradores de la tierra; los tiempos del fin ya
llegaron!
"Y en aquellos días (estos días; y en
el abismo) buscarán los hombres la muerte, y no la hallarán; y desearán morir,
y la muerte huirá de ellos" (Ap. 9: 6).
La vida del abismo es la misma vida que
tenemos en el plano físico, pero millones de veces más horrible, más tenebrosa,
más material, más densa. En el abismo los hombres viven en cuerpo astral, y se
atormentan unos a otros, y desean la muerte, y la muerte huye de ellos.
Toda la vida urbana trasplantada al abismo
se vuelve millones de veces más grosera y terriblemente materialista. Entonces
los hombres desean la muerte y la muerte huye de ellos.
"El parecer de las langostas era
semejante a caballos aparejados para la guerra; y sobre sus cabezas tenían como
coronas semejantes al oro y sus caras como caras de hombres" (Ap. 9: 7).
He ahí al yo psicológico de cada hombre, a
los buitres de la guerra, a los Jefes de Estado, a los astutos diplomáticos, a
los grandes generales.
"Y tenían cabellos como cabellos de
mujeres (llenos de fingidas dulzuras y gentilezas hipócritas); y sus dientes
eran como dientes de leones. Y tenían corazas como corazas de hierro; y el
estruendo de sus alas (aviones), como el ruido de carros que con muchos
caballos corren a la batalla. Y tenían colas semejantes a las de los
escorpiones y tenían en sus colas aguijones (poderosos ejércitos armados con
aguijones, bombas atómicas, cohetes teledirigidos, bombas de hidrógeno, etc.);
y su poder era el de hacer daño a los hombres cinco meses" (Ap. 9: 8-10).
Así las naciones pagarán sus deudas kármicas.
Esos son los jefes civiles y militares del
mundo, los gentiles diplomáticos, los grandes de la tierra. Tienen colas
semejantes a los de los escorpiones, y en sus colas, ¡mortales y terribles
aguijones!
He aquí las grandes fuerzas militares del
Este y del Oeste. El poderío militar. Los jefes, los grandes generales, los
grandes diplomáticos. Los poderosos de la tierra. ¡Ese es este siglo!
"Y tienen sobre sí, por rey al ángel
del abismo, cuyo nombre hebraico, es Abaddón, y en el griego Apollyon"
(Ap. 9: 11).