CAPÍTULO XXIX:
CAÍDA ES BABILONIA
"Y después de estas cosas vi otro
ángel descender del cielo teniendo grande potencia; y la tierra fue alumbrada
de su gloria" (Ap. 18: 1).
"Y clamó con fortaleza en alta voz,
diciendo: Caída es, caída es la grande Babilonia (la civilización perversa de
esta raza), y es hecha habitación de demonios y guarida de todo espíritu
inmundo, y albergue de todas aves sucias y aborrecibles" (Ap. 18: 2). Aves
del crimen, buitres de la guerra, aves de rapiña y del odio, etc.
"Porque todas las gentes han bebido
del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra (los potentados
del mundo), han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han
enriquecido de la potencia de sus deleites" (Ap. 18: 3).
"Y oí otra voz del cielo que decía:
Salid de ella, pueblo mío (gente iniciada en los misterios Crísticos), porque
no seáis participantes de sus pecados, y que no recibáis de sus plagas"
(Ap. 18: 4).
Y serán sacados secretamente los justos de
entre esta gran ciudad. Y serán llevados en naves interplanetarias antes del
gran cataclismo.
Perecerán los perversos moradores de la
tierra "porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha
acordado de sus maldades" (Ap. 18: 5).
Los justos vivirán en otro planeta mientras
la tierra pasa por una gran transformación geológica. Más tarde ellos
retornarán a este inundo para formar la sexta raza. Babilonia la grande se
convertirá en cenizas y sangre.
"Tornadle a dar como ella os ha dado,
y pagadle al doble según sus obras; en el cáliz que ella os dio a beber, dadle
a beber doblado. Cuanto ella se ha glorificado, y ha estado en deleites, tanto
dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: yo estoy sentada reina y
no soy viuda, y no veré llanto" (Ap. 18: 6, 7).
"Por lo cual en un día vendrán sus
plagas: muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque el Señor Dios
es fuerte, que la juzgará" (Ap. 18: 8). La Gran Ramera recoge el fruto de
sus malas obras. El que siembra rayos, recoge tempestades. Esa es la ley. La
gran ramera cosechará el fruto de sus maldades.
La gran ramera será quemada con el fuego de
la guerra atómica, y con el fuego cósmico que con el choque planetario,
convertirá al mundo en una masa de fuego y vapor de agua.
Todo esto se cumplirá en la Nueva Era
Acuaria. Antes del cataclismo final veréis cosas espantosas. El Vaticano será
destruido. Las grandes ciudades del mundo serán reducidas a cenizas, sangre y
ruinas, los dineros no valdrán, y los seres humanos se matarán por un mendrugo
de pan. La gran Babilonia se convertirá en polvo.
"Y llorarán y se lamentarán sobre ella
los reyes de la tierra (los potentados del oro y de la plata; los señores del
petróleo y los buitres de la guerra), los cuales han fornicado con ella y han
vivido en deleites, cuando ellos vieren el humo de su incendio, estando lejos
(tratando de huir del desastre), por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, Ay
de aquella gran ciudad de Babilonia; aquella fuerte ciudad (la civilización
moderna), porque en una hora vino tu juicio!" (Ap. 18: 9, 10).
"Y los mercaderes de la tierra lloran
y se lamentan sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías.
Mercaderías de oro y de plata, y de piedras preciosas y de perlas y de lino
fino, y de escarlata, y de seda, y de grana, y de toda madera olorosa, y de
todo vaso de, marfil, y de todo vaso de madera preciosa, y de cobre, y de
hierro, y de mármol. Y canela, y olores, y ungüentos, y de incienso, y de vino,
y de aceite; y flor de harina y trigo, y de bestias, y de ovejas, y de
caballos, y de carros, y de siervos, y de almas de hombres" (Ap. 18:
11-13). Hasta con las almas de hombres hacen negocio los mercaderes de la
tierra.
"Y los frutos del deseo de tu alma se
apartaron de ti; y todas las cosas gruesas y excelentes te han faltado, y nunca
más las hallarás" (Ap. 18: 14). La guerra atómica acabará con todo.
Mientras llega la catástrofe final
"los mercaderes de estas cosas, que se han enriquecido se pondrán lejos de
ella (huirán de las ciudades) por temor de su tormento, llorando y lamentando.
Y diciendo: ¡Ay, Ay, aquella gran ciudad (la civilización moderna), que estaba
vestida de lino fino y de escarlata, y de grana, y estaba dorada con oro, y
adornada de piedras preciosas y de perlas!" (Ap. 18: 15, 16).
"Porque en una hora han sido desoladas
tantas riquezas. Y todo patrón, y todos los que viajan en naves, y marineros, y
todos los que trabajan en el mar, se estuvieron lejos. Y viendo el humo de su
incendio, dieron voces, diciendo: ¿Qué ciudad era semejante a esta gran
ciudad?" (Ap. 18: 17, 18).
"Y echaron polvo sobre sus cabezas; y
dieron voces llorando y lamentando, diciendo: ¡Ay, Ay, de aquella gran ciudad,
en la cual todos los que tenían navíos en la mar se habían enriquecido de sus
riquezas; que en una hora (la hora del Karma y del castigo) ha sido
desolada!" (Ap. 18: 19).
"Alégrate sobre ella, cielo, y
vosotros, santos, apóstoles, y profetas; porque Dios ha vengado vuestra causa
en ella" (Ap. 18: 20).
El rayo de la Justicia cósmica caerá sobre
esta perversa civilización de víboras, y no habrá remedio.
"Y un ángel fuerte tomó una piedra,
como una grande piedra de molino (la piedra filosofal), y la echó en la mar (el
semen Cristónico), diciendo (sellada la profecía): Con tanto ímpetu será
derribada Babilonia (la civilización moderna), aquella gran ciudad, y nunca
jamás será hallada (Ap. 18: 21).
"Y voz de tañedores de arpas, y de
músicos, y de tañedores de flautas y de trompetas, no será más oída en ti; y
todo artífice de cualquier oficio, no será más hallado en ti, y el sonido de
muela no será más en ti oído" (Ap. 18: 22).
"Y luz de antorcha no alumbrará más en
ti, y voz de esposo ni de esposa no será más en ti oída; porque tus mercaderes
eran los magnates de la tierra (los grandes señores de los negocios); porque en
tus hechicerías, todas las gentes han errado" (Ap. 18: 23).
Hechicería es el becerro de oro, hechicería
es la idolatría, hechicería es el escepticismo del materialismo dialéctico.
Hechicería es explotación de almas, hechicería es magia negra, brujería, etc.
Por todo esto será destruida Babilonia la
grande, la madre de todas las fornicaciones y abominaciones de la tierra.