CAPÍTULO XXVI:
LOS SIETE ÁNGELES Y LAS
SIETE COPAS
"Y vi otra señal en el cielo, grande y
admirable, que era siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque
en ellas es consumada la ira de Dios" (Ap. 15: 1).
Los siete ángeles son: Gabriel, Raphael,
Uriel, Michael, Samael, Zachariel y Orifiel. De todos los siete, el quinto es
el que más ha sufrido. Todos los siete cumplen órdenes superiores y actúan de
acuerdo con la ley. Después de la catástrofe de la Atlántida, el Bodhisattva
del quinto se cayó, y después de haber sufrido mucho se levantó del barro de la
tierra y regresó a su Dios.
En la catedral del alma hay más alegría por
un pecador que se arrepiente, que por mil justos que no necesitan de
arrepentimiento.
El quinto de los siete recibió el elixir de
larga vida allá en la Lemuria hace dieciocho millones de años. El quinto de los
siete conservó ese cuerpo Lemur durante todo el tiempo de la Atlántida y fue
uno de los sabios guías espirituales que dirigió los destinos de millones de
seres humanos del continente sumergido. Después de la sumersión de la
Atlántida, ese Maestro se enamoró de una mujer, y después de otra. Entonces
cayó, perdió su maravilloso cuerpo, y quedó sometido a la terrible rueda de las
reencarnaciones y del Karma.
Eliphas Levi comete el error de comentar un
documento apócrifo de Enoch, y juzga falsamente a los Veinte Egrégores de la
Montaña del Juramento, condenándolos dogmáticamente y calificándolos de
demonios.
Algo impuro se mezcla en las Enseñanzas de
Eliphas Levi.
Rudolf Steiner asegura que Eliphas Levi
estuvo dos veces reencarnado como sacerdote en una tribu mejicana. Esa tribu
después de haber culminado en esplendores de sabiduría y gloria, entró
finalmente en decadencia y en hechicería. Entonces esa alma que más tarde fue
Eliphas Levi, se nutrió con ese conocimiento impuro. Sólo así podemos
explicarnos los grandes errores en que cae el Abate Alfonso Luis Constans
(Eliphas Levi). Aclaramos: No queremos decir que Eliphas Levi sea mago negro.
Lo que afirmamos es que en sus obras, a pesar de tener el sello de grandeza, se
mezclan muchos conocimientos impuros. Eso es todo.
Azazel es un Egrégor que prestó grandes
servicios a la humanidad.
Azazel fue el Rey Salomón. El Bodhisattva
de Azazel está caído actualmente; pero es lógico que en un futuro próximo, ese
Bodhisattva se levantará del barro de la tierra.
Raphael, a pesar de no figurar entre los
Veinte Egrégores de la Montaña del Juramento, está caído por estos tiempos y
lucha por levantarse. Raphael también es un Egrégor. Todos los ángeles de
familia, nación, tribu, etc., son Egrégores.
En el Glosario Teosófico de H. P.
Blavatsky, página 184, encontramos lo siguiente:
"EGRÉGORES (del griego Egrégori).
Eliphas Levi los denomina "los
príncipes de las almas que son los espíritus de energía y acción". Cualquiera
cosa que pueda o no significar, los ocultistas orientales describen a los
Egrégores como seres cuyos cuerpos y esencia son un tejido de la llamada luz
astral. Son las sombras (o los Bodhisattvas) de los espíritus planetarios
superiores cuyos cuerpos son de la esencia de la luz divina superior. En el
Libro de Enoch, se ha dado dicho nombre a los ángeles que se casaron con las
hijas de Seth y tuvieron por hijos a los gigantes.
Los nombres y los símbolos de los siete
ángeles del Eterno, tienen también siete significados; esto ha confundido a
muchos estudiantes esoteristas.
"Y vi así como un mar de vidrio
mezclado con fuego; y los que habían alcanzado la victoria de la bestia, y de
su imagen, y de su señal, y del número de su nombre, estar sobre el mar de
vidrio, teniendo las arpas de Dios" (Ap. 15: 2).
El vidrio líquido, flexible, maleable, es
el semen Cristónico. Realmente el semen es el habitáculo del fuego. El semen es
el vitriolo de los viejos alquimistas medievales.
Aquellos que han alcanzado la victoria
sobre la bestia, se pasean felices sobre el mar de vidrio, hablando la palabra
perdida; parlando en el orto purísimo de la Divina Lengua.
La laringe es la Lira de Orfeo. Hay que
aprender a tocar la Lira de Orfeo. Hay que encarnar el Verbo. Cuando el Verbo
se hace carne en nosotros, entonces pulsamos la lira de Orfeo, y nos paseamos
victoriosos sobre el mar de vidrio.
Esos son los victoriosos que han alcanzado
la victoria sobre la bestia, y sobre la imagen y el número de su nombre.
"Y cantan el cántico de Moisés, siervo
de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus
obras. Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los
Santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y engrandecerá tu nombre?, Porque tú
sólo eres santo, por lo cual todas las naciones vendrán y adorarán delante de
ti, porque tus juicios son manifestados" (Ap. 15: 3, 4).
"Y después de estas cosas, miré, y he
aquí el templo del Tabernáculo del Testimonio fue abierto en el cielo. Y salieron
del templo siete ángeles que tenían siete plagas, vestidos de un lino limpio y
blanco, y ceñidos alrededor de los pechos con bandas de oro" (Ap. 15: 5,
6).
"Y uno de los cuatro animales dio a
los siete ángeles siete copas de oro, llenas de la ira de Dios, que vive para
siempre jamás" (Ap. 15: 7).